El patinete eléctrico: un salto hacia el precipicio del sedentarismo

patinete-defLlegar a dominar la marcha como habilidad motriz básica de locomoción, nos ha costado a los homo sapiens, desde los primeros homínidos, varios millones de años de adaptación.

Caminar, ha supuesto un medio de desplazamiento que nos ha dado la vida, y a través del cual explorábamos el territorio, cazábamos, recolectábamos, migrábamos, conducíamos el ganado, buscábamos nuevos recursos, etc.

El desarrollo creciente de las tecnologías, también hacen posible la vida, y nos la facilitan, pero pueden acarrear ciertas contraindicaciones si no lo contrarrestamos de alguna forma.

La primera vez que vi a un chaval jovencito, viendo escaparates por el centro de Madrid subido a un patinete eléctrico autoequilibrado, fui consciente del peligro que traía consigo este tipo de usos. Y digo «usos», ya que mi crítica no es al artefacto en sí, sino al uso que se le puede dar. Pensé: «¡lo único que nos quedaba era andar, y lo vamos a perder!».

En esta entrada me referiré concretamente al modelo de patinete eléctrico autoequilibrado de dos ruedas, ya que sus características (entre 10-12 km/h de velocidad y una autonomía de 15-20 km) son suficientes para sustituir el caminar por zonas urbanas, pero insuficientes para suponer una actividad deportiva en la que nuestro cuerpo consuma más energía de lo habitual para contrarrestar los altos índices de sedentarismo y obesidad actuales.

En España, el 60,9 % de la población sufre sobrepeso (39,3) y obesidad (21,6%) (Estudio ENPE, publicado en la Revista Española de Cardiología).

¿Cuanta energía gastamos mientras conducimos un patinete eléctrico como el que nos referimos? A falta de mediciones de acelerometría, no creo que me equivoque mucho si digo que gastaremos aproximadamente lo mismo que estando de pié, parados: 1,59 METS* (Mansoubi, y cols, 2015). Para que os hagáis una idea, en reposo consumimos 1 MET, y las actividades por debajo de 1,5 METs son consideradas sedentarias. Solo las actividades moderadas y vigorosas son consideradas óptimas para obtener beneficios para la salud: por encima de 3 METS (OMS). Caminar supone un gasto energético de entre 3 y 5 METs, en función de la velocidad.

Sustituir el desplazamiento habitual de caminar por zonas urbanas para trasladarnos por ocio, supone, para una persona que no hace otro ejercicio físico que caminar, un factor negativo para su salud muy importante. Otra cosa bien diferente es que podamos utilizarlo, por ejemplo, para ir al trabajo, pero seamos a lo largo del día personas activas (subamos escaleras, hagamos deporte, vayamos al gimnasio a hacer ejercicio cardiovascular…). En las grandes ciudades, este tipo de patinetes puede suponer el ahorro de tiempo y una solución a la falta de aparcamiento, o una alternativa a los vehículos contaminantes, pero es necesario contrarrestar sus efectos sedentarios con otros medios.

Su uso en niños, no debería pasar de ser un juguete más, con el que divertirse un rato, pero que no suponga un sustitutivo del caminar (pasear con la familia, ir al colegio andando, etc.). Recordemos además, que no es un aparato que ayude a desarrollar especialmente las capacidades coordinativas y el equilibrio, ya que se autoequilibra. Para desarrollar las capacidades del niño son infinitamente más recomendables el monopatín de toda la vida, los patines, la bicicleta, el patinete, u otros medios de desplazamiento de propulsión humana similares que permitan al cerebro el aprendizaje de nuevas formas de equilibrio. Aprender a patinar bien puede llevar semanas y meses; aprender a desplazarte en un monopatín eléctrico de dos ruedas supone un par de minutos.

Existen otros vehículos de desplazamieno eléctrico que permiten alcanzar mayores velocidades y transitar por diferentes terrenos (caminos, cuestas, montañas…). En este caso, la posición sobre el vehículo supone incrementar la flexión de piernas y una mayor activación de los músculos estabilizadores de la columna así como de una mayor intervención de los miembros superiores para mantener el equilibrio. Estaríamos hablando prácticamente de una actividad deportiva, como el esquí, o el patinaje. En este caso, a parte de ser más divertido, estaremos demandando al cuerpo un mayor gasto energético.

Así pues, que cada uno valore su nivel de vida, su grado de sedentarismo (especialmente en los niños), y luego tome decisiones respecto al uso e incorporación de este tipo de vehículos en su estilo de vida, sobre todo ahora que nos plateamos la pregunta de «¿qué le voy a pedir a los Reyes Magos?»

* MET (metabolic equivalente of task) = equivalentes metabólico de la tarea: nos ayuda a cuantificar el gasto energético según las tareas que realicemos y su grado de intensidad.
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Suplementos de proteínas y efectos sobre la hipertrofia muscular, la fuerza y la salud

Es común ver en los vestuarios masculinos de los gimnasios (en los femeninos no lo he visto por razones obvias), a personas preparando y tomando batidos de proteínas. Algunas madres, me han consultado preocupadas sobre estos temas, al ver que sus hijos han acudido a casa con un bote gigante, que parece comida para caballos, y que contiene unos «polvos raros». También he recibido preguntas sobre el consumo de proteínas de personas que se inician en el entrenamiento de la fuerza y quieren conseguir resultados «visibles» y rápidos (los atajos no suelen respetar la salud).

Acorde con la filosofía de «aprende a aprender» de este blog, con este post pretendo responder ―y que vosotros respondáis― a las siguientes preguntas:

¿Realmente los suplementos de proteínas producen mayores hipertrofias?

¿Son preferibles los suplementos comerciales a las dietas naturales ricas en proteínas?

¿Tiene efectos diferentes el consumo de proteínas en personas entrenadas y no entrenadas?

¿El consumo adicional de proteínas mejora la fuerza (1-RM)?

¿Un consumo alto de proteínas tiene efectos perjudiciales para la salud?

¿Es perjudicial para la salud el consumo de suplementos proteicos comerciales?

Para dar respuesta a estas preguntas hemos de ir a fuentes fiables. Olvídate de periódicos, de foros, de páginas de internet de marcas comerciales o negocios fitness, etc. Acude a las fuentes originales de investigación. Cuando escuches decir: «la gente dice que…», esto significa que lo ha dicho un amigo o conocido de alguien, pero no la gente.

Acorde con el tema que nos ocupa, podemos lanzar búsquedas en bases de datos especializadas (ej. PubMed) o bien hacer búsquedas dentro de revistas de nutrición top a nivel mundial. Sí, lo habéis adivinado, todo esto está en inglés.

En este caso, he buscado en PubMed y a su vez he rastreado dentro de revistas top, como The American Journal of Clinical Nutrition (impact factor en 2013= 6,9), Sports Medicine (impact factor en 2013= 5,3 ) y International Journal of Sports Nutrition and Exercise Metabolism (impact factor 2013= 1,98). Cuando queremos saber algo sobre un tema en concreto, lo ideal es buscar un «artículo de revisión» (review article), es decir, que alguien ya haya hecho el trabajo sucio por nosotros, y haya revisado muchos artículos sobre un tema y los haya resumido en un «artículo de artículos». En este caso, debemos buscar una revisión reciente, para que esté actualizada.

Pasaré a comentar ahora un artículo potente al respecto, de la American J Clin Nutr, de Holanda, cuyo título es muy sugerente: «La suplementación con proteínas aumenta la respuesta adaptativa del músculo esquelético en el entrenamiento de fuerza: un meta-análisis». La referencia bibliográfica original, en formato APA, quedaría así (solo se escribe el primer apellido de los autores, y el nombre va con iniciales):

Cermak, N. M., Res, P. T., de Groot, L. C., Saris, W. H., & van Loon, L. J. (2012). Protein supplementation augments the adaptive response of skeletal muscle to resistance-type exercise training: a meta-analysis. The American Journal of Clinical Nutrition, 96(6), 1454-1464. doi: 10.3945/ajcn.112.037556

Un meta-análisis es un análisis de diversos estudios, pero a diferencia de lo que es una revisión, el meta-análisis, además trata de sacar conclusiones aplicando pruebas estadísticas con los resultados que han obtenido los estudios analizados. Y eso es lo que lo hace interesante: extrae conclusiones de lo que muchos estudios han hallado, y no de un solo ensayo.

Cermak y sus colegas ―la palabra «colega», no es un coloquialismo entre amiguetes al uso español, sino que lo utilizamos en investigación para referirnos a nuestros compañeros de trabajo; es una influencia anglosajona― parten del hecho de que en la literatura encuentran controversia: unos estudios dicen que los suplementos dietéticos de proteínas incrementan la masa muscular (fat-free mass, FFM) y la fuerza durante un entrenamiento prolongado de fuerza, otros artículos no confirman estos beneficios. Los autores argumentan que estas discrepancias se deben a que los estudios han utilizado diferentes diseños.  Este argumento, es habitual encontrarlo, y no le falta razón, pues los estudios no son iguales entre sí, por ejemplo: yo puedo investigar los efectos de consumo de proteína sobre la fuerza en con un programa de un mes de entrenamiento con hombres de 30 años y utilizando press banca, mientras que otro investigador puede hacer lo propio pero con un entrenamiento de dos meses de duración, con hombres de diferentes edades y con diferentes ejercicios y diferentes tipos de proteína. De ahí que no podemos comparar o sacar conclusiones a la ligera. Conviene leer diversas fuentes al respecto y siempre teniendo en cuenta el contexto (por ello me refería en otro post a la «cultura de gimnasio», cuando escuchas a un tipo de 2×2 dando recetas del tipo «tienes que congestionar bien los músculos y nada más salir te bebes medio litro de agua con proteínas de la marca tal, y si es por la noche mejor, que dicen que van bien y en dos meses ganas tanto y levantas tanto…»).

Los autores no escogieron estudios cualquiera para el meta-análisis sino que siguieron estos criterios de selección:

  • Ensayos controlados aleatorios (randomized controlled trials) que combinaban entrenamiento prolongado de fuerza con ingestión de proteína (ya fuera con suplementación o incrementando el contenido proteico de la dieta) superior a 1,2 gr por kg de peso y por día.
  • Estudios con sujetos adultos sanos mayores de edad (>18 años) con un índice de masa corporal (IMC, medido en kg/m2) inferior a 30, es decir, que no estaban obesos.
  • El entrenamiento debía ser al menos de 6 semanas con un mínimo de 2 sesiones/semana, y los métodos de evaluación de la fuerza seleccionados fueron el test de una repetición máxima (1RM) para prensa de piernas y/o extensión de pierna y/o press banca, dada su fiabilidad y amplia utilización en la literatura.
  • Los estudios debían contener un grupo experimental que entrenara y tomara suplemento de proteína o dieta rica en proteína; y un grupo placebo que recibía un suplemento sin proteína, dieta baja en proteína, y/o entrenamiento de fuerza sin intervención nutricional.

De un total de 3112 referencias bibliográficas, finalmente se seleccionaron 22 estudios que cumplían los criterios. El total de sujetos fue de 680, entre 19 y 72 años (edad media= 33 ± 18 años), repartidos en 46 grupos de estudio. Las características en su conjunto de entrenamiento y consumo de proteína de estos 22 estudios fueron las siguientes:

Entrenamiento: los programas variaban de 6 a 24 semanas, siendo la media de 12 ± 5 semanas. Las sesiones iban de 2-5 por semana, siendo la media de 3 ± 1 por semana. Sobre l tipo de ejercicio, 18 estudios desarrollaron ejercicios para todo el cuerpo (whole-body), 2 estudios hicieron ejercicios solo de piernas y un estudio combinó ejercicios de fuerza y resistencia.

Suplementación de proteínas: la cantidad media de proteína suministrada por día fue de 42 ± 30 gr., ya fuera en forma de suplemento o por la dieta habitual. 12 estudios suplementaron con una combinación de suero de leche (whey), caseína, y/o proteínas de la leche; 6 estudios suplementaron con proteína de suero de leche; 2 estudios suplementaron con amino ácidos esenciales; 1 estudio utilizó proteína de la caseína exclusivamente; y un estudio manipuló la dieta con proteína de huevo. En el día de entrenamiento, 15 estudios suplementaron la proteína inmediatamente antes, durante y/o después de la sesión de entrenamiento. En los grupos placebo, 13 estudios utilizaron un placebo isocalórico (es decir, con igual cantidad de calorías que el suplemento de proteínas que se administra al grupo experimental), 7 estudios utilizaron un placebo no isocalórico, y 2 estudios utilizaron solo el ejercicio físico.

Resultados del meta-análisis:

Observando los 22 estudios analizados por separado, ninguno logró demostrar una mejora significativa en la ganancia de masa muscular (MM) en personas que tomaban proteínas frente a las que no las tomaban.

Considerando los efectos de todos los estudios en su conjunto, según el meta-análisis estadístico llevado a cabo por Cermak y colaboradores, estos fueron los hallazgos:

Efectos del consumo de proteínas sobre la MM y masa grasa (MG): en comparación con el grupo placebo, el grupo que tomó proteínas aumentó significativamente la MM durante el entrenamiento (diferencia de medias ponderada: 0,69 kg.). Un análisis posterior (llamado de sensibilidad) determinó que la ganancia de MM fue independiente del tipo de proteína consumida. Si comparamos entre jóvenes y mayores, o entre desentrenados y entrenados, el efecto fue similar. Respecto a la pérdida de grasa, no hubo diferencia entre el grupo placebo y el grupo que tomó proteínas.

Efectos del consumo de proteínas sobre la ganancia de fuerza medida con el test 1-RM: el grupo que se suplementó con proteína mejoró significativamente la ganancia de fuerza en el ejercicio de press de piernas, en comparación con el grupo placebo (diferencia de medias ponderada= 13,5 kg).

Los autores concluyen que, según el meta-análisis, la suplementación dietética de proteínas mejora la masa muscular y la fuerza (1-RM) en el ejercicio de press de piernas después de un entrenamiento de fuerza prolongado de aproximadamente 3 meses, en comparación con el grupo que no tomó suplementos.

Conclusiones personales: estamos muy lejos de lanzar las campanas al vuelo con este estudio. Por un lado, ningún estudio de los analizados individualmente muestra un efecto positivo del consumo de proteínas en la ganancia de masa muscular. Por otro lado, cuando los autores combinan todos los efectos de esos estudios para llevar a cabo el meta-análisis, los estudios que si aportan ciertas mejoras (aunque no significativas), tienen un gran peso, por lo que las comparaciones ponderadas resultan en que hay una ganancia de masa muscular.

Por otro lado, este tipo de estudios no establece una relación causa-efecto: no podemos decir que el tomar proteínas mejoró la fuerza, simplemente comparan grupos.

A esto añadimos que solo se han visto los efectos en un tipo de ejercicio, el press de piernas.

Siguen siendo necesarios más estudios con muestras homogéneas y de mayor número, en igualdad de condiciones, para poder seguir arrojando luz sobre este tema.

Me gustaría dejar este análisis sobre la mesa, para que ahora, el lector, decida si merece la pena o no suplementarse con proteínas comerciales en función de los resultados de estos estudios y sobre todo en función de estas variables, que expongo a continuación, de tipo personal, para que cada uno las ponga en su balanza de toma de decisiones.

  • La inversión económica que suponen los complementos proteicos. ¿Compensa la inversión con el resultado?
  • Tu nivel de entrenamiento: cuanto más alto es el nivel físico mayores esfuerzos habrá que hacer para lograr pequeñas mejoras. Pero si tienes mucho potencial de mejora, como los principiantes, el ejercicio físico de por sí ya tiene un gran valor. Los estudios parecen sugerir que los efectos del consumo de proteínas en las ganancias de fuerza tienen mayor repercusión en personas entrenadas.
  • El objetivo que persigues con tu entrenamiento y el tiempo de que dispones para conseguirlo. Los objetivos por los que una persona va al gimnasio a hacer entrenamiento de fuerza pueden ser: mejorar el rendimiento en competición en un deporte determinado, lograr un nivel que te permita llevar una vida activa y saludable, fines estéticos, etc.).
  • Los suplementos dietéticos basados en proteínas nunca pueden sustituir al entrenamiento. Si tu fin es ganar masa muscular, antes de tomar proteínas, piensa si ya estás entrenando correctamente siguiendo métodos específicos que te hacen ganar masa muscular combinando un número óptimo de repeticiones, series, ritmo, descansos, velocidad en los movimientos, etc.
  • Decidir entre la suplementación proteica mediante preparados comerciales o controlando la dieta natural (claras de huevo, carnes bajas en grasa, legumbres, lácteos…), cuyos alimentos además aportan elementos tan esenciales para la salud como las vitaminas y la fibra.
  • El test que mide la ganancia de fuerza en los estudios científicos suele ser el 1-RM, referido a la mayor carga que una persona puede mover en una repetición. Sin embargo, desde un punto de vista de la salud las manifestaciones de fuerza máxima en nuestra vida diaria no son necesarias, ni tampoco lo es llegar a lograr una gran masa muscular; además el test de 1-RM no está aconsejado para principiantes. En muchos deportes tener una excesiva masa muscular es contraproducente, en otros es una ventaja.

Para saber más: os recomiendo leer otro estudio de revisión muy reciente (Pasiacos y cols, 2015; ver referencias al final de este post) cuyas conclusiones son que para personas desentrenadas, consumir suplementos proteicos no tienen impacto en la masa muscular y la fuerza muscular durante las semanas iniciales de entrenamiento de resistencia. Sin embargo, con el aumento de la duración, la frecuencia y el volumen de entrenamiento ―sí, todo esto―, la suplementación proteica puede ayudar a la hipertrofia muscular y a la ganancia de fuerza. En cualquier caso, los resultados de estas revisiones no son generalizables a todos los consumidores que estén planteándose una suplementación con proteínas.

¿Un consumo alto en proteínas puede ser perjudicial para la salud?

La recomendación de consumo de proteína que hace la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization y ONU, 2007) en su informe técnico nº 935 «Necesidades de proteínas y aminoácidos en la nutrición humana» («Protein and amino acid requirements in human nutrition»), es de 0,83 gramos por kg. de peso corporal y por día. Esta cantidad debería ser suficiente para cumplir con las necesidades proteicas de la mayoría (97,5%) de la población adulta sana. La OMS recomienda mayores cantidades de proteína para mujeres embarazadas.

Los estudios analizados que pretenden observar el efecto del consumo de proteína en la ganancia de masa muscular y fuerza suplementaban a los participantes con al menos 1,2 gr de proteína/kg de peso corporal/día.

Estas recomendaciones diarias de proteínas están planteadas para personas que no tienen un estilo de vida especialmente activo. Según un artículo de Lemon (1995) titulado «¿Necesitan los atletas más proteínas y aminoácidos en la dieta?» («Do athletes need more dietary protein and amino acids?»), tanto para deportistas que entrenan en especialidades de resistencia como para aquellos que lo hacen en deportes de fuerza, parece que podrían beneficiarse de dietas que contengan cantidades mayores que las recomendadas para la población general. Por otro lado, Colombani y Mettler (2011) critican los valores ofrecidos de proteína para deportistas, referidos a 1,5 gr/kg/día (en un rango de 1-2 gr/kg). Tal y como dicen los autores, esta recomendación es un concepto extendido que necesita ser individualizado a las necesidades personales de cada deportista.

Respecto a los tipos de proteínas, las que benefician más a la salud son las provenientes del pescado, aves y legumbres, frente a las que proceden de carnes rojas. El consumo de carnes rojas está asociado a mayores riesgos de padecer cáncer de colon, diabetes y cardiopatías (Pan y cols., 2012).

Halton y cols. (2002), en un relevante estudio publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine (Impact factor 2013= 54,4), con una muestra de 82.802 mujeres en 20 años de seguimiento, concluyen que las dietas bajas en carbohidratos y altas en proteínas y grasas no están asociadas a un incremento de riesgo de enfermedad del corazón.

Cuando las proteínas y grasas consumidas provenían de fuentes vegetales, las mujeres tenían un 30% menor de riesgo de padecer enfermedades del corazón, comparadas con las mujeres que siguieron dietas altas en carbohidratos y bajas en grasas.

Por tanto, las dietas altas en proteínas, especialmente las de tipo vegetal, pueden ser beneficiosas para el corazón.

El Instituto de Salud Pública de Harvard (Harvard Institute of Public Health) ha revisado la asociación entre proteínas y las enfermedades crónicas. Respecto al cáncer, señalan que no hay evidencias de peso para considerar que dietas bajas o altas en proteínas estén asociadas al riesgo de padecer cáncer. Sobre la relación proteínas-osteoporosis, se aprecia cierta controversia en la literatura. Existen estudios que asocian un alto y prolongado consumo de proteínas en el tiempo con debilidad ósea y mayores riesgos de fractura, mientras que otros estudios relacionan las dietas altas en proteínas con mayor densidad mineral ósea. Según Bonjour (2011), no hay evidencias de que, por sí misma, una dieta alta en proteínas pueda ir en detrimento de  la masa ósea y la fuerza. Sin embargo, parece razonable evitar dietas muy altas en proteínas (>2,0 gr/kg/día), cuando se asocia a un bajo consumo de calcio (<600 mg/día).

¿Es perjudicial para la salud el consumo de suplementos proteicos comerciales?

Respecto a los suplementos de proteínas (ayudas ergogénicas), es muy complicado llegar a conclusiones cerradas sobre si son o no perjudiciales para la salud, puesto que hay infinidad de marcas y compuestos comerciales, así como diferentes formatos (bebidas, preparados, barritas…) que vienen acompañados por diferentes sabores (fresa, chocolate, vainilla…) para hacerlos más atractivos. Habría que estudiar cada uno de estos suplementos experimentalmente uno a uno.

En primer lugar cabe preguntarse: ¿me estoy tomando lo que pone en la etiqueta que lleva el producto? ¿Se someten estos productos a un estricto control por las instituciones sanitarias? Por ejemplo, en Estados Unidos los suplementos de proteínas no están regulados y pueden contener incluso sustancias tóxicas. En una investigación llevada a cabo por la organización independiente y sin ánimo de lucro «Consumer Reports» (2010), dedicada a ofrecer información contrastada a los consumidores ―su homóloga en España sería la OCU, para que nos entendamos― analizó 15 bebidas de proteínas. Todas las bebidas en el test llevado a cabo tenían, al menos, una muestra que contenía uno o más de estos contaminantes: arsénico, cadmio, plomo y mercurio.

Por otro lado, existen estudios que señalan los beneficios para la salud de los suplementos proteicos, como los ya mencionados al inicio del post, al cual sumamos otro llevado a cabo con una muestra de marines estadounidenses y publicado en la revista Journal of Applied Physiology (impact factor 2013= 3,4). Se les suplementó post ejercicio, durante un entrenamiento de 54 días, contrastado con un grupo placebo. El grupo que tomó proteínas acudió menos veces al médico y tuvo menos dolor muscular que el grupo placebo (Flakoll, Judy, Flinn, Carr, y Flinn, 2004).

Sobre los beneficios recomiendo también buscar y leer artículos sobre el consumo de proteína de soja, cuyos efectos parecen ir en la línea de reducir los niveles de colesterol y los marcadores de desarrollo de cáncer de próstata, entre otros.

Bottom line

Ahora toca que cada uno piense en su situación personal y sus objetivos para poder sacar conclusiones y posibles implicaciones prácticas. Esta entrada solo ofrece pinceladas. Es necesario que, a partir de aquí, sigamos leyendo y contrastando información para tener una visión lo más completa posible.

Good luck!

Germán Ruiz.

Referencias bibliográficas:

Bonjour, P. (2011). Protein intake and bone health. International Journal for Vitamin Nutrition Research, 81(2-3), 134-1422.

Cermak, N. M., Res, P. T., de Groot, L. C., Saris, W. H., y van Loon, L. J. (2012). Protein supplementation augments the adaptive response of skeletal muscle to resistance-type exercise training: a meta-analysis. The American Journal of Clinical Nutrition, 96(6), 1454-1464.

Colombani, P., y Mettler, S. (2011). Role of dietary proteins in sports. International Journal for Vitamin Nutrition Research, 81(2-3), 120-124.

Consumer Reports. (2010). Alert: Protein drinks. You don´t need the extra protein or the heavy metals our test found. Consumer Reports Magazine (July 2010)  Acceso 11-enero-2015, de http://www.consumerreports.org/cro/magazine-archive/2010/july/food/protein-drinks/overview/index.htm

Flakoll, P., Judy, T., Flinn, K., Carr, C., y Flinn, S. (2004). Postexercise protein supplementation improves health and mucle soreness during basic military training in Marine recruits. Journal of Applied Physiology, 96(3), 951-956.

Halton, T., Willett, W., Liu, S., Manson, J., Albert, C., Rexrode, K., et al. (2006). Low-carbohydrate-diet score and the risk of coronary heart disease in women. New England Journal of Medicine, 355(19), 1991-2002.

Harvard Institute of Public Health. Protein: Moving closer to Center Stage.   Acceso 10-1-2015, de http://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/protein-full-story/

Lemon, P. W. (1995). Do athletes need more dietary protein and amino acids? International Journal of Sports Nutrition 5(suppl), S39-61.

Pan, A., Sun, Q., Bernstein, A., Schulce, M., Manson, J., Stampfer, M., et al. (2012). Red meat consumption and mortality: results from 2 prospective cohort studies. Archives of Internal Medicine, 172(7), 555-563.

Pasiakos, S., McLellan, T., y Lieberman, H. (2015). The effects of protein supplements on muscle mass, strength, and aerobic and anaerobic power in healthy adults: a systematic review. Sports Medicine, 45(1), 111-131.

World Health Organization, y ONU. (2007). Protein and amino acid requirements in human nutrition. WHO Technical Report Series, 935

De la cultura de gimnasio y graderío a la cultura crítica del conocimiento

El espíritu de este blog pretende ir más allá de ofrecer mera información. El principal objetivo es enseñar a los lectores a ser personas autónomas en la búsqueda de información objetiva y fiable, para que ellos mismos sean los que construyan su conocimiento y busquen información a través de las herramientas e ideas que aquí se ofrecen. 

Ya es hora de que pasemos de  la “cultura de Gimnasio” o “cultura de graderio”* a la cultura del conocimiento científico. Debemos ser críticos ante los comentarios, consejos o formas de proceder (entrenamiento, enseñanza de la Educación Física) que escuchamos en los entornos deportivos y de actividad física. Es hora de pasar del mito al conocimiento contrastado, detrás del cual, hay toda una comunidad científica trabajando y dedicando grandes esfuerzos para mejorar nuestra salud, nuestra forma de entrenar, nuestra visión del mundo deportivo y la forma de educar a los más pequeños y a los adolescentes a través de la Educación Física y de los valores deportivos. En definitiva, tratamos de aportar nuestro granito de arena para hacer que este mundo mueva el corazón.

Lo primero que aprenderemos es a citar, y citar bien, las fuentes que consultamos. La información de los blogs también debe citarse adecuadamente, cuando escribimos textos basándonos en estos espacios. Ello se hace nombrando al autor o autores del mismo, la dirección URL y la fecha en que se consultó la información. Así incrementaremos la calidad de nuestros textos y daremos la oportunidad a nuestros lectores de acudir a las fuentes originales. Ahora, ¡ya podemos comenzar!

 

*Me refiero aquí a la especulación y a las opiniones que pasan de boca en boca en estos entornos. Estos “mitos” suelen ser fruto del desconocimiento y provienen de la veracidad que le damos a quien consideramos que tiene mucha “experiencia”. Por su puesto que en los gimnasios (cada vez más) encontramos profesionales. Preguntemos siempre a Graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

Ciencias del Deporte por Germán Ruiz se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

Overview

Las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte es un ámbito de conocimiento relativamente joven y a la vez apasionante en el cual tengo la suerte de poder trabajar de forma profesional.

En este espacio iré publicando aspectos relacionados con este ámbito, prestando una mayor atención a la actividad física relacionada con la  la salud y la Educación Física, mostrando siempre las fuentes y el “cómo se hizo”, para que los lectores aprendan también a buscar información científica y generar sus propias ideas contrastadas con los datos que ofrece la investigación.

Sin duda, el deporte y las diferentes manifestaciones de actividad física han ido evolucionando paralelamente al desarrollo de la sociedad, incrementando sus posibilidades de estudio y dando lugar a nuevas problemáticas, más profundas y complejas. Ante estos nuevos problemas, surgen orientaciones más cercanas a la realidad, como es el paradigma de los sistemas complejos. Aparecen entonces referencias a la variabilidad motriz como un comportamiento motor natural que tiene lugar en el rendimiento, el entrenamiento diferencial, los sistemas dinámicos aplicados a la Educación Física, modelizaciones matemáticas en fisiología y biomecánica el “multi-rol” del entrenador o profesor desde las perspectiva de los sistemas dinámicos, la gestión deportiva desde su naturaleza multi-factorial, etc. Sólo cuando se es capaz de llegar a una armonía entre las múltiples interacciones que dan lugar a los macro, meso y microsistemas, podemos hablar de los éxitos deportivos, educativos, de gestión y de la calidad de vida; que no son más que algunas de las dimensiones que están definiendo un todo.

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